Apuntes de un viaje Europeo antes de pandemia.

Entre los escritos escondidos encontré una nota que no publiqué hace un año. Como dije en un post anterior entre mis apuntes del pasado encontré esta nota sobre el viaje que hice en el mes de febrero del 2020. Cuando tomé un viaje aventurero a Europa que no me sentí segura hasta después de tener el ticket de compra y saber que iría.

Ir al viejo continente por primera se generó en mí una gran expectativa por los lugares y futuros castillos que ya exploraba en mi mente y corazón. Los destinos eran tres ciudades: Madrid, Barcelona (España) y Carcassonne (Francia).

Al volver a leer este post incompleto sentí que debí terminarlo y escribir la aventura de este viaje, como parte de esa historia que cambió de un momento a otro a pocos días después de la navidad del año 2020. A pesar, que hubo muchas promesas por continuar en un futuro viaje; pero por circunstancias del destino, decisiones y la vida no llegó a suceder: todo desapareció.

En verdad, no se tiene seguro nada en esta vida: las personas cambian, las historias cambian y solo debes continuar.

Conocer Madrid fue hermoso y estratégico al salir a lugares más turísticos de la ciudad, compartir algunos platos típicos, además, de caminar por las calles y tomar algunas fotografías. Siguiendo la ruta planeada el siguiente destino desde Madrid fue hacia Carcassonne. Recuerdo que salí de noche en bus y al otro día amanecí en aquella ciudad.

El siguiente país fue Francia, que sabemos es uno de los destinos más especiales por los viajeros, y la utopía de las historias de amor según los films jajajaj. Desde pequeña he visto todas las películas que llevan a Paris en su trama, prometo contar sobre estas historias del cine en otro post. Pero no fue mi caso estar allí, sino en Carcassonne (dejaré a Paris como una vivencia que algún día haré realidad y seguro escribiré sobre esto).

Carcassonne fue un lugar mágico. Por primera vez degustaba el vino francés, queso, pan, dulces, ufff varias cosas que quisiera volver a probar. Castillos mágicos, medievales, era increíble caminar en estos lugares, recuerdo la emoción al llegar a ese lugar y quedarme boca abierta mirando desde lejos aquellos lugares donde un día un rey su reina habitaron.

Además, el ambiente en aquella fecha era distinto, sin restricciones y ver a las personas tras una mascarilla. Todo era más libre, no sabía la gravedad de la pandemia.

La última ciudad a visitar fue Barcelona, no podía perderme del Palacio de Montjuïc que nació para perdurar en Catalunya.

Y la arquitectura de Antoni Gaudí como «La Sagrada Familia», luego terminar el día con algunas caminatas de noche por la ciudad.

Sé que volveré, pero esta vez en una estación diferente para disfrutar como buena costeña de una playa más calurosa.

Haber tomado esta aventura que para mí significa un precedente y aprendizaje para hacer otros viajes sola o con alguna persona en especial. Pues los recuerdos y anécdotas que pasan solo son un pasaje en nuestra vida, ya sabes las historias pueden cambiar, como sucedió conmigo, como también les pasó a muchas personas en esta pandemia. Supongo que es parte de vivir, conocer nuevas personas y en otros casos dejarlas.

Después de Barcelona, regresé a Madrid para regresar a Santiago por mis estudios que finalmente terminaron en línea por la pandemia jaja, fue todo muy irónico.

Ahora que va volviendo todo a la normalidad, estoy segura que iré de nuevo a estos lugares sin alguna preocupación emocional de que funcione o no alguna historia. Y volveré a disfrutarlos, pero con una nueva mirada en el camino, más experiencia y con nuevas páginas en el libro de mi vida que aún están en blanco y quedan por escribir.

Sin embargo, la experiencia de este viaje se agradece.